Hace apenas un par de años, diseñar una web "moderna" significaba dominar el minimalismo, elegir bien una tipografía sans-serif y no equivocarse con el espacio en blanco. En 2026 ese manual quedó corto. El diseño web está viviendo uno de los cambios más profundos de su historia reciente, impulsado por tres fuerzas que chocan y se combinan al mismo tiempo: la inteligencia artificial generativa, una nostalgia visual que regresa con fuerza, y la necesidad urgente de que los sitios funcionen igual de bien para humanos que para los motores de búsqueda impulsados por IA.