Si estás pensando en migrar tu web, seguramente ya has oído alguna historia de terror. Esa empresa que cambió de dominio y perdió el 80 por ciento de su tráfico de la noche a la mañana. Ese negocio que rediseñó su web entera y dejó de recibir pedidos durante semanas porque Google dejó de encontrarla. Ese blog que cambió de WordPress a otra plataforma y sus artículos, que llevaban años en primera página, desaparecieron del mapa. Todas estas historias tienen algo en común, y es que casi siempre se podían haber evitado con una planificación mínima.